Hay veces que cometemos errores a sabiendas de que los estamos cometiendo. Otras veces nos vienen de sopetón, sin saber donde, cuando ni como la cagamos.
En mi caso, es la primera opción. Se que la estoy cagando, que no debería seguir adelante con el juego, porque estoy seguro que mi competidora es una jugadora mas experimentada y estoy convencido que me volverá a ganar de nuevo…
Llevo tiempo advirtiendo que la situación entre nosotros estaba cambiando, que estaba buscando un acercamiento a la distancia que yo había provocado en el rutinario día a día que cruzaba nuestra situación laboral. Llegó el momento en el que no estaba dispuesto a “equivocarme otra vez”. Provoque tal distanciamiento que el “hola… adiós” se hacía espeso.
No es que estuviese enfado o molesto, simplemente trataba de protegerme, no ir a descubierto, no exponerme más de lo estrictamente necesario a sus juegos.
Pero como en todos los juegos de dos, cada uno tiene su situación controlada hasta que deja de controlarla, hasta que una jugada maestra de nuestro adversario nos desborda o pone patas arriba la partida. Eso sucedió el pasado Sábado. Sin saber muy bien como ni porque empecé a sentir que me “tú me estas atrapando otra vez”, aunque mi cabeza se empeña en pensar que eres “Bananas”.
Será para no sentirme dañado otra vez????
En mi caso, es la primera opción. Se que la estoy cagando, que no debería seguir adelante con el juego, porque estoy seguro que mi competidora es una jugadora mas experimentada y estoy convencido que me volverá a ganar de nuevo…
Llevo tiempo advirtiendo que la situación entre nosotros estaba cambiando, que estaba buscando un acercamiento a la distancia que yo había provocado en el rutinario día a día que cruzaba nuestra situación laboral. Llegó el momento en el que no estaba dispuesto a “equivocarme otra vez”. Provoque tal distanciamiento que el “hola… adiós” se hacía espeso.
No es que estuviese enfado o molesto, simplemente trataba de protegerme, no ir a descubierto, no exponerme más de lo estrictamente necesario a sus juegos.
Pero como en todos los juegos de dos, cada uno tiene su situación controlada hasta que deja de controlarla, hasta que una jugada maestra de nuestro adversario nos desborda o pone patas arriba la partida. Eso sucedió el pasado Sábado. Sin saber muy bien como ni porque empecé a sentir que me “tú me estas atrapando otra vez”, aunque mi cabeza se empeña en pensar que eres “Bananas”.
Será para no sentirme dañado otra vez????

3 comentarios:
Chico,el que no arriesga no gana,es lo que hay....
Chauuuuuu
Vaya primavera llevamos... ten cuidaooooooo, no sea que te lleves el disgusto a lo tonto como me pasó a mi... Besotes.
No lo veas como un juego en el que vencidos y vencedores...
1beso
Publicar un comentario en la entrada