martes, 20 de noviembre de 2007

EL TREN....

Me sentía como hacía tiempo que no me encontraba.

Al llegar a la estación, vi que en el andén estaba esperando un tren, que no tenía pinta de ser de los últimos que habían salido de las fabricas de RENFE. Era de color verde, del color de la esperanza de me dije.

Subí por la escalera de hierro que da lugar a los departamentos del vagón. Estaba acomodado en el asiento 17-N del vagón 3… joder que coincidencia, pensé, al comprobar que ese era mi número de la suerte. El compartimento era amplio, muy amplio, pero con un olor agradable a cuidado, un olor embriagador, de amplios sillones mullidos en color negro, de una inusual y placentera comodidad para ser de la clase turista. Los cristales eran transparentes, limpios y grandes, dejando ve el exterior con total nitidez.

Tras una hora de retraso, el viaje comenzó. Ya empezaba a moverse a una velocidad un tanto inconstante que me sorprendió, pero que no reparé hasta mucho más avanzado el trayecto. El viaje transcurría por bellos parajes abiertos de campo, en lo que se veía un río en paralelo a la vía por la que circulábamos, rodeados de arboleda y en los que se podía ver alguna familia de animalitos que correteaban a nuestra velocidad, justo al lado nuestro, como si estuviesen despidiéndose de nosotros o deseándonos un feliz viaje.

Por los ventanales, a lo lejos, se veía una cordillera que se acercaba a gran velocidad. En ese preciso momento, el tren, como cogiendo carrerilla acelero al máximo, como tomando velocidad para solventar el obstáculo que en el camino se había interpuesto. En seguida llegaron las primeras rampas y parecía que el tren no cesaba en su marcha… pero lo pronunciado de la pendiente hacía prever que podía cejar en el empeño.

Así fue, al poco tiempo el tren comenzó a perder velocidad y hasta un pastor que por allí andaba con su rebaño nos miraba con cara de adversidad, como indicándonos con la cara que iba a ser muy complicado… pero sorprendentemente comenzó a incrementar su velocidad.

Al poco tiempo, vimos salir un humo muy negro de la locomotora y el tren se detuvo en seco. Hubo momentos de incertidumbre por un momento, pero todo el mundo había perdida ya la confianza en que el viaje llegase a buen fin. Yo todavía seguía allí sentado, hasta que llego el revisor para indicarme…. “Sr. El viaje a terminado. La locomotora ha sufrido una avería y seguramente tardaremos bastante tiempo en repararla. Haga el favor de apearse y en breve vendrán a recogerle y se encargarán de llevarle a su destino. Ruego disculpe las molestias.”

Sin mediar palabra, recogí mis cosas y baje por la escalera de hierro hacía un lugar espectacular. Debajo de un roble, había una roca en la que me senté a fumar un cigarro, contemplando y como despidiéndome del ese maravilloso tren………..

Otra vez más, mi amiga mala suerte no me deja llegar al final del viaje….

6 comentarios:

chapete dijo...

Claro,si es que os quereis ir hasta a tomar por culo y ya fallan hasta los trenes!!!


pues haz auto-stop que asi conoces gente!!!


chauuuuuuuuuuu

istharb dijo...

Yo creo que lo buenisimo de los viajes, sobre todo los que se hacen en "tren", no es llegar a destino, sino disfrutar el trayecto.

Cualquier día, llegamos a destino, seguro

Un beso

AMYLOIS dijo...

Eso te pasó por no pagar billete.jejeje

Pos anda,que si te pasas por barcelona, ahorita un tren no te lleva ni a 20 metros de la salida.
Tamos jodidos con la renfe.

Vanessa dijo...

Pues menos mal que el vagon y el asiento coincidian con tú número de la suerte....
Si es que no hay que fiarse de eso...

Sade dijo...

"pos" anda.... pero bueno... una aventura que contar...por cierto, el video buenísimo, fórmula V, cuanto tiempo!

Luni dijo...

Deja de jugar al chukuchúúúúúú y ven a escribirnos algo oño ya!!

Muuuuuám